(Source: unesaisonenenfer, via pupilaslejanas)
Una vez liberadas las cadenas, cambia la expresión
Mezcolanza de sentimientos disímiles, opuestos
El corazón magullado por la vergüenza repentinamente se crece
La caricia del sosiego suaviza los golpes mientras una sonrisa apacible arquea las rígidas comisuras
Alma libre, atormentada.
Y el espasmo de la muerte se vislumbra cercano
El sueño eterno es elección
Y ahí está un espíritu resignado, entregado
El pecho enardecido de emoción
Luego quietud, silencio
Ablanda la expresión y cae el cuerpo
Trascendiendo, sonriendo de lejos
Libre.
L.
Con amargas notas te has despedido
Maldita la hora en que un bolero nos conjugó cuerpo a cuerpo
Y entre el sensual y almibarado vaivén de la copa dibujé tu silueta
Para ahogarla por siempre entre mis labios
Para prolongar la despedida, que otra copa sea servida
…que otra copa sea servida.
L.
Le volví a preguntar por Castel. Le dije que de esta vida no puede uno irse sin saber qué motivó a Juan Pablo a cometer un asesinato. Ella volvió a mostrarme dos hileras perfectas de dientes muy blancos; era obvio que no lo entendía.
Luego le dije que Aureliano Buendía no debió prestar demasiada atención a los gitanos, aunque esa es una idea suelta, que era evidente que una lupa no le serviría de mucho. Después le dije que el aviador no estaba del todo loco, que aprendió demasiado, que ahora ve las estrellas con más ilusión que cualquiera de nosotros. Pero ella no sabía de aviadores mirando estrellas.
Seguí con Florentino Ariza, pobre hombre, pero le envidié el trabajo de escribir para otros y de enamorar personas con tinta. No supo qué decir. Intenté con Smith: le dije que debió morir antes, que ver cómo se doblegaba su moral, su convicción, fue asqueroso. Ella dijo que al único Smith que conocía era uno que vestía de traje negro con lentes, y lo llamaban agente.
Maldita sea, dije, al menos debes saber que el día de sus noventa años fue el inicio de una serie de eventos increíbles; o que es imposible saber si Santiago Nassar definitivamente se la había cogido. Edipo tiró con su madre. Algo tienes que saber. Pero volvió a reír y me pidió que no me expresara así.
El Náufrago no imaginó que su desgracia le traería fama. Maruja la pasó mal con el tufo de la chaqueta de uno de los centinelas. El primer Victorino, en el fondo, era un excelente muchacho. No seguí porque el momento se volvió incómodo. Su silencio fue la respuesta más acertada, junto a la mirada aferrada a la terracota, como si apartar la mirada fuese un delito. Nunca supo de qué hablaba, asumo que nunca llegará a saberlo. Sus costumbres la alejan demasiado de enterarse qué hace cual o tal personaje, que no sea ficticio y baile pegado, con música a decibeles que estimulan la agresividad, bajo luces coloridas en un ambiente oscuro atestado de gente que, al igual que ella, no tienen tiempo de conocer a Castel, ni a ningún otro.
Los dedos rozándose ansiosos y las miradas fijas no quieren despegarse.
Los labios que solo quieren besarse, sin pensar en pronunciar aquella despedida.
…ya te vas?
El anhelo de retenerse se acrecenta, deseando aquel inmutable reloj congelar.
Para reducir todo a un asunto de dos. Bésame ahora.
…bésame ya.
Y la distancia se impone irreverente y el tiempo se vuelve el verdugo,
tortuosos entonces se tornan los segundos mientras esperan volver a verse.
Te extraño.
Al retornar… la larga demora se extigue al instante.
necesitados los cuerpos se abrazan, las almas se atraen.
y entonces, se toman de las manos los amantes.
…volvamos a casa, ya es tarde.
L.
Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás…
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?
M. Benedetti